Estados Unidos y la paz total de Colombia: un conflicto de prioridades
La política de paz total del presidente colombiano Gustavo Petro atraviesa su momento más crítico. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la presión de Estados Unidos sobre Colombia ha aumentado, y la reciente solicitud de extradición de Geovany Andrés Rojas, alias "Araña", ha encendido las alarmas. Este episodio no solo pone en jaque los acuerdos con los grupos armados al margen de la ley, sino que también genera incertidumbre sobre el futuro de las negociaciones de paz en el país.
Por: Isabel Cortés
Un proceso de paz en riesgo
La
captura de "Araña" en un hotel de Bogotá, justo después de participar
en una reunión de diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y la Coordinadora
Nacional Ejército Bolivariano, deja en evidencia la fragilidad del proceso.
Señalado
como el máximo líder de los Comandos de la Frontera, fue detenido el 12 de
febrero de 2025, en virtud de una orden internacional de Interpol. Su captura,
ejecutada bajo una circular roja emitida por una Corte del Distrito Sur de
California, responde a acusaciones de narcotráfico en Estados Unidos.
Aunque
el Gobierno colombiano había suspendido temporalmente las órdenes de captura
contra Rojas mediante la Resolución 0-0139 del 12 de abril de 2024, esta medida
no tenía efecto sobre órdenes de detención internacionales. La Fiscalía General
de la Nación explicó que la retención de alias Araña responde a compromisos
internacionales que Colombia debe cumplir en materia de cooperación judicial.
Ahora, su extradición está en manos de la Corte Suprema de Justicia.
El
presidente Gustavo Petro ha insistido en que este mecanismo podría detenerse si
los grupos armados muestran avances reales en el desmantelamiento de economías
ilícitas y el respeto a los derechos humanos.
Este
mensaje plantea un dilema para otros actores armados, como el Estado Mayor de
los Bloques y Frentes (EMBF), la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano y
el Clan del Golfo. La analista Elizabeth Dickinson, del International Crisis
Group, advierte que la falta de garantías claras por parte del Gobierno
colombiano podría llevar a estos grupos a abandonar las negociaciones por temor
a ser arrestados.
Las garantías judiciales no son como se esperaban y eso complica las cosas. Puede ser difícil convencer a otros negociadores de sentarse a la mesa si están expuestos a órdenes de extradición, declaró Dickinson a The Associated Press.
Trump
y la amenaza de las extradiciones
Con
Trump de vuelta en el poder, su estrategia de "mano dura" contra el
narcotráfico ha retomado protagonismo. Su política de designar carteles y
grupos armados como organizaciones terroristas podría cambiar por completo el
panorama en Colombia.
El Clan del Golfo, por ejemplo, está en la mira de Washington y podría ser catalogado como grupo terrorista, lo que dificultaría cualquier intento de negociación. Si eso ocurre, sus líderes perderían incentivos para acogerse a la justicia y, en cambio, reforzarían su actividad criminal, alimentando aún más el conflicto armado.
Impacto
en la relación bilateral.
El
Gobierno colombiano camina sobre una delgada línea entre cumplir con los
compromisos de extradición y mantener a flote la Paz Total. Además, la decisión
de Trump de reincorporar a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del
terrorismo ha sumado otro obstáculo. La isla ha sido clave como garante en los
diálogos con el ELN, y esta medida podría afectar su papel en las negociaciones
de paz que adelanta Colombia.
Para
empeorar el panorama, Washington ha reducido el financiamiento a programas
clave de seguridad y antinarcóticos en Colombia, debilitando la capacidad del
Estado para controlar los territorios dejados por los grupos desmovilizados. Es
una paradoja: mientras endurecen su postura contra el narcotráfico, restan
apoyo a los mecanismos de seguridad que podrían contener su expansión.
Si
la Corte Suprema aprueba la extradición de "Araña" y otros líderes
insurgentes, las negociaciones podrían colapsar y la violencia aumentar. En
Putumayo, ya hay indicios de un recrudecimiento del conflicto tras la captura
de Geovany Andrés Rojas.
Alias
Araña emergió como figura clave dentro de los Comandos de la Frontera, una
disidencia armada que opera en los departamentos de Amazonas, Caquetá y
Putumayo. Este grupo, surgido tras la ruptura con la Segunda Marquetalia
—liderada por alias Iván Márquez—, tomó un rumbo propio al entablar
conversaciones de paz con el Estado colombiano.
Su
papel como negociador había sido crucial en los esfuerzos por alcanzar un cese
al fuego y una eventual desmovilización.
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